Por: Hugo Díaz

El pasado jueves 7 de marzo publicó en su perfil de face la diputada Zulma Guerrero sobre los carros chuecos y Jorge Carrillo volvió a comentar.

“Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo” es una frase adjudicada al filósofo español Jorge Agustín Nicolás Ruiz que incluso se pudo apreciar en uno de los campos de concentración nazi en Polonia.

Dicha frase invita a reflexionar sobre lo que ha sucedido para que ya no se repita y que el ser humano pueda en la medida de las circunstancias y en todos los aspectos prosperar; pues es uno de los objetivos preponderantes de la raza humana.

El 29 de mayo pasado escribí en este espacio que la diputada local Zulma Guerrero había descalificado una propuesta del entonces candidato presidencial del PRI, José Antonio Meade con relación a la regularización de los carros chuecos; escribió que eso era una mentira, y la secundó el entonces y todavía presidente de UDC en Sabinas, Jorge Carrillo.

Nueve meses más tarde, por conducto del diputado Emilio de Hoyos la propuesta de regularización de automóviles extranjeros retoma interés y lo comparte; la diputada retoma la publicación, la multiplica en su red social ahora sin descalificarla y Jorge Carrillo llena de elogios la iniciativa.

Hasta ayer que escribía esto que usted lee, la actividad de la publicación era de tres veces compartida, diez “me gusta” y se mantenía como único el comentario de Carrillo.

Muy poca actividad para quien tiene el privilegio de ser la primera diputada de oposición electa por mayoría y con infinitas ganas de convertirse en la segunda alcaldesa en la historia de Sabinas para igualar la carrera política de su paisana y vecina del mismo barrio Carolina Morales.

En México estamos acostumbrados a ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el nuestro. Sabemos que nuestros políticos suelen “achimoltrufiarse” y lo mismo les da decir una cosa hoy y mañana decir lo contrario. Sin embargo para los tiempos que hoy vive nuestra sociedad, se requiere de políticos que además de honestos sean congruentes y no solo enarbolen las causas y principios de sus partidos políticos sino además antepongan el bienestar colectivo de sus representados.

Políticos que sean capaces de entrar al debate de ideas con argumentos propios y convincentes, que sepan reconocer cuando una política pública aunque sea propuesta por un ajeno a su organización, es digna de apoyarse.

Atrás debe quedar la historia del campanero que toda campana que escuchaba, si no la tocaba él, sonaba desafinada.