Ocurrió porque, a decir del cronista, historiador e ingeniero en minas Ramiro Flores Morales, lo sucedido en El Pinabete fue «la crónica de una muerte anunciada». Recordó que la inundación registrada en la mina de Villa de Agujita sorprendió a diez trabajadores que quedaron atrapados por el agua sin posibilidad de escapar.
TEnía que haberse realizado una exploración mediante barrenos antes de avanzar con la explotación, explicó el especialista. Al encontrarse cerca de antiguas obras mineras abandonadas e inundadas, era indispensable detectar la presencia de agua y dejar un muro de contención que evitara una irrupción repentina.
ROBusteciendo su explicación, señaló que cuando durante las perforaciones aparece agua, el procedimiento técnico obliga a modificar el desarrollo de la mina y reforzar las medidas de seguridad. «Aquí no se hizo y ahí están las consecuencias», lamentó.
ESta tragedia se suma a una larga lista de accidentes que han marcado la historia de la Región Carbonífera. Desde El Hondo, Las Esperanzas y Barroterán, hasta Pasta de Conchos, el pozo 3 de Micarán y El Pinabete, calcula que alrededor de mil 500 mineros han perdido la vida en grandes tragedias.
MIentras la minería continúa siendo una de las actividades más peligrosas del mundo, también representa el sustento de miles de familias de la región. «El abuelo fue minero, el padre fue minero y, aunque muchos desean que sus hijos busquen otro camino, la mayoría termina regresando a la mina porque ahí encuentra la forma de mantener a su familia», expresó.
NOTAblemente, concluyó Flores Morales, la historia de la minería en la Región Carbonífera no solo está escrita con carbón, sino también con el sacrificio de generaciones de hombres que descendieron a las entrañas de la tierra en busca del sustento, dejando una huella imborrable en la memoria de Coahuila.
