Sabinas, Coah.- Hay lugares que uno reconoce sin necesidad de ver un letrero. Basta pasar por ahí, ver el movimiento, sentir el olor y saber que, detrás de ese pequeño negocio, hay una familia que durante años ha trabajado para llevar el sustento a casa.
Eso es Elotes Los Rieles para muchos sabinenses.
Hoy, ese lugar luce diferente. Un incendio acabó con buena parte del puesto que durante 25 años fue construido con esfuerzo, sacrificio y muchas horas de trabajo.
Y quienes vivimos aquí sabemos que detrás de esos 25 años hay mucho más que láminas, aparatos, mercancía o mobiliario. Hay recuerdos de una familia que durante un cuarto de siglo salió todos los días a trabajar, atendiendo a generaciones de clientes que hicieron de este negocio uno de sus puntos conocidos.
El fuego no solamente dejó daños materiales. También dejó esa sensación difícil de explicar que queda cuando, en cuestión de minutos, se pierde aquello que tomó años construir.
Pero hay algo que no se quemó.
Las ganas.
La familia de Elotes Los Rieles reconoció que atraviesa momentos de tristeza y angustia, pero también dejó claro que no piensa bajar la cortina para siempre. Después de 25 años, saben perfectamente lo que significa levantarse temprano, trabajar duro y comenzar de nuevo cuando las circunstancias lo exigen.
Y aquí, en Sabinas, eso lo entendemos bien.
Nuestra gente está acostumbrada al trabajo. A los pequeños negocios familiares, a quienes comienzan con poco y van creciendo poco a poco, a esos comerciantes que terminan conociendo a sus clientes por nombre y hasta saben qué van a pedir antes de que lleguen.
Por eso la noticia del incendio duele de una manera distinta.
Porque no se trata solamente de un puesto de elotes. Se trata de una fuente de trabajo, de una familia y de una historia que durante 25 años se fue escribiendo entre clientes, charlas, antojos y jornadas interminables.
Hoy toca reconstruir.
Volver a conseguir lo necesario, levantar nuevamente el puesto y recuperar poco a poco ese espacio que por tantos años fue parte de la vida cotidiana de la comunidad.
Y mientras la familia comienza a pensar en cómo volver a ponerse de pie, seguramente habrá quienes se acerquen a preguntar qué necesitan, quienes compartan su historia y quienes, como ocurre tantas veces en nuestra tierra, decidan echar la mano.
Porque así somos por estos rumbos.
Nos conocemos, nos ubicamos y, cuando alguien atraviesa una situación difícil, no hace falta demasiada explicación para entender que necesita apoyo.
Quizá por eso esta historia merece contarse con cuidado, sin quitarle el sentimiento y sin olvidar que detrás de cada fotografía, cada palabra y cada publicación hay una familia tratando de recuperar lo que perdió.
El tren de sabor se detuvo por un momento, pero la familia está convencida de que volverá a avanzar.
Después de 25 años, seguramente todavía queda mucho camino por recorrer.
Y en Sabinas, donde hemos visto tantas veces a nuestra gente levantarse después de los golpes más duros, nadie debería sorprenderse si pronto volvemos a ver las luces encendidas de Elotes Los Rieles.
Porque algunas historias no terminan cuando llega el fuego.
A veces, apenas ahí comienza el capítulo en el que toca volver a empezar.
